La Virtud De La Repetición, Pt. 2

Título alterno: La Improvisación Como Arte Vivo.

*suena 1985 de Mystery Jets*

Adaptación e Improvisación

La repetición no es un acto mecánico; es la preparación para lo inesperado. Cada vez que repetimos, no solo perfeccionamos la técnica, también cultivamos la capacidad de adaptarnos. Como un hilo que se entrelaza con otros, la práctica constante no solo refuerza el patrón, sino que lo hace capaz de deformarse y volver a su forma sin romperse.

Pienso en la danza contemporánea, con su esencia animal y visceral. Ahí, el bailarín que repite una y otra vez no solo memoriza movimientos: su cuerpo aprende a responder al ritmo cambiante, a la ausencia o presencia de un compañero, al peso invisible del espacio vacío. La repetición es menos una disciplina rígida y más un entrenamiento para la flexibilidad, un ensayo perpetuo que habilita la improvisación.

En ese proceso, la improvisación emerge como el siguiente nivel de dominio. Improvisar no es inventar en el vacío; es construir a partir de lo que ya existe, lo que llevamos inscrito en el cuerpo y la mente.

Las batallas de freestyle hip-hop son un ejemplo brillante de esta alquimia: en el estruendo del enfrentamiento verbal, el MC no crea de la nada, sino que transforma lo aprendido, las métricas, las referencias culturales, en una respuesta inmediata. La narrativa se despliega con una fluidez que a veces parece trascender la intención consciente. La palabra se suelta como si hubiese estado ahí desde siempre, esperando el momento exacto para ser dicha.

Adaptarse, entonces, es absorber lo que el momento requiere y devolverlo con la precisión que solo la repetición otorga. Es como la lucha de Bruce Lee con su hermosa frase: “Sé agua, amigo mío.” El agua no se detiene; encuentra caminos donde parece no haberlos. Así, improvisar es tomar el flujo de lo ensayado, moldearlo según las circunstancias y convertirlo en algo irrepetible.

Ambas capacidades —adaptarse e improvisar— nacen del mismo origen: la práctica. Repetir no es estancarse ni encerrarse en lo conocido, es construir una base tan sólida que nos permita enfrentar lo desconocido con gracia.

En última instancia, improvisar no es solo un acto creativo, es una forma de habitar el tiempo presente con todo lo que somos, con todo lo que hemos aprendido, y con la confianza de que podemos reinventarnos en cada instante.

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