La Virtud De La Repetición

Título alterno: El camino de la copia al dominio, y del dominio a la creación.

*suena The Hardest Part de Coldplay*

Imitar es quizás el acto más poderoso que poseemos. Pienso en aquella escena de Matrix, donde Neo aprende artes marciales y técnicas complejas con solo cargar disquetes: unas horas, y el conocimiento es suyo.

En la vida cotidiana, no estamos tan lejos de ese modelo. Así enseñamos y aprendemos. Al explicar las reglas de un juego nuevo o cómo patear un balón, lo primero que hacemos es mostrar un gesto, una acción. Y la otra persona, casi por instinto, lo replica.

El conocimiento viaja de generación en generación, como un legado que se hereda a través de gestos, palabras y ejemplos. La imitación es el puente entre quien enseña y quien aprende, y exige una mente ágil, capaz de absorber lo transmitido para, después, devolverlo al mundo en una nueva forma, enriquecido por nuestra propia experiencia.

Pero este proceso no es tan genuino ni fácil para todos, y ahí radica su virtud. Imitar, absorber, hacer propio lo ajeno: esa es la habilidad más importante que una persona puede tener. Porque nadie nace sabiendo, pero quienes aprenden rápido son quienes sobresalen.

Este proceso trasciende lo mental. No basta con comprender; hay que encarnar el movimiento, grabarlo en el cuerpo. Imitar no es solo reproducir algo, es apropiarse de ello, hacerlo propio en cuestión de minutos. Como si el cuerpo entendiera antes que la mente. Es un lenguaje universal: la repetición, el reflejo, el ensayo torpe que, de pronto, casi sin darnos cuenta, se transforma en maestría.

Aprender algo nuevo no es inventar desde cero, sino absorber, adaptar y perfeccionar. Copiar un gesto, un ritmo, una idea, es siempre el primer paso hacia la creación. Porque la imitación no es el final del camino; es el inicio. Lo que comienza como un eco ajeno, con el tiempo, se convierte en la base de algo auténtico.

La agilidad mental, combinada con la capacidad de observar y replicar, nos permite avanzar rápidamente. Imitar no es servilismo, es un acto de sabiduría. Es reconocer que todo aprendizaje profundo empieza con la humildad de repetir lo que otro ya sabe, hasta que un día, ese gesto deja de ser de otro y se vuelve completamente nuestro.

Deja un comentario