Titulo alterno: Cuando la Papelera se Convierte en el Hogar Inesperado.
*Suena Rainbow de Cage the Elephant*
Hace un mes aproximadamente, uno de mis discos duros decidió hacer su acto final y colapsó, llevándose consigo varias carpetas que intenté rescatar. En el proceso, una de ellas quedó atrapada en el limbo de mi papelera de reciclaje, y desde entonces se niega a desaparecer.
Cada intento por eliminarla termina con el mismo mensaje frío y seco: “no se puede completar la operación porque el elemento está en uso.” Es como si tuviera vida propia, un pequeño espectro digital plantado ahí para recordarme que no todo puede ser controlado o eliminado.
Con mi obsesión (toc) por mantener la papelera vacía, esa carpeta se convirtió en una espina, un recordatorio de lo imperfecto, lo incontrolable. Al final, acepté su presencia como se acepta una vieja cicatriz: le cambié el nombre, como quien pone una placa en el muro de un fracaso, un epígrafe irónico para algo que se resiste a desaparecer. Al menos, ahora sirve como un reminder muy útil y necesario.
