Por Qué Sigo Tomando Fotos | Newsletter #1

Ciudad de México, 27 de octubre de 2025 — 17:24 hrs

Hola,
si algún día recibes una carta mía, espero que sea como esta: escrita desde el camino, con un poco de cansancio, algo de emoción y muchas cosas cruzando la cabeza.

Faltan 225 días para que empiece el Mundial en México, Estados Unidos y Canadá. El mundo académico de los deportes y la tecnología cruzando caminos, y la promesa de que será el evento más grande de la historia moderna del futbol.
En paralelo, el mundo parece correr a una velocidad absurda: La guerra entre Israel y Gaza continúa, marcada por un ciclo de violencia que parece no tener fin. Cada día aparecen nuevos titulares, nuevos números, nuevas imágenes que duelen.
La inteligencia artificial, por otro lado, se alza como el cambio más abrupto y fascinante de nuestra era: una tecnología que promete transformar por completo la forma en que vivimos, trabajamos y creamos.
Y mientras tanto, aquí, en la Ciudad de México, las campañas publicitarias hablan de futuro, pero las banquetas siguen rotas, y uno todavía esquiva baches con la misma destreza de siempre.

Y en medio de todo eso, escribo como quien toma una foto: para guardar un instante antes de que desaparezca.

Lo que la Cámara No Ve

Últimamente he estado viajando entre Monterrey y Guadalajara, asistiendo a charlas sobre el Mundial 2026 y sobre inteligencia artificial. En una de esas conferencias alguien dijo algo que se me quedó dando vueltas:
“No resuelvan problemas que no existen.”
Me hizo pensar en cuántas veces los creativos intentamos anticipar el futuro, sobreprepararnos, prevenir lo que quizá nunca pasará.

Yo tengo una frase que uso casi como defensa:
“Que el Germán del futuro se preocupe.”
Y aunque probablemente no sea el mejor consejo psicológico, suele funcionarme.
Pero tal vez el punto no es dejarle los problemas al futuro, sino entender que el presente también merece ser vivido sin tantas proyecciones. Ser prevenidos, sí, pero sin pecar de preventivos.

En esa misma charla sobre inteligencia artificial, alguien mencionó que para entender estos programas no necesitas un doctorado, solo familiarización. Usarlos, probarlos, jugar. Y pensé que eso también aplica a cualquier proceso creativo: no se trata de estudiar diez años, sino de hacer, mirar, intentar, volver a intentar. Es lo mismo con la cámara, con la escritura, con cualquier forma de crear.

La semana pasada fui con Aarón a un estudio. Nos invitaron a presenciar el ensayo de una nueva súper banda —ocho integrantes, aunque ese día solo llegaron siete. —no puedo adelantar mucho. En medio del ensayo, literalmente me puse en el centro a girar y disparar.
Música para bailar para gente que no sabe bailar, así se definen.
Y fue cierto. Terminé mareado, feliz, como si la cámara también hubiera danzado.

Me quedé con otra idea que dijeron: “la mente de DJ”. Esa que mezcla todo lo que ha escuchado desde la infancia con lo que descubre cada año. Un archivo infinito de referencias que se remezcla en el presente.
Creo que todos los creativos tenemos algo de eso: una mente que organiza el caos de lo que amamos.

Y tal vez por eso sigo tomando fotos.
Porque todavía no descubro del todo por qué lo hago.
Porque todavía me gusta no saber hacia dónde va esto, ni hasta dónde voy a llegar.
Porque hay algo de fe en seguir haciendo sin entenderlo del todo.

Quizá, antes de aprender sobre luz, lo que uno tiene que aprender es a mirar.

Lo Que Vi Esta Semana

Libro:
No sé qué estés leyendo por allá, pero yo estoy releyendo Conferencias sobre la lluvia de Juan Villoro. Creo que en el siguiente correo te contaré más de ese libro, porque me gusta mucho. Tiene esa manera tan suya de hablar de lo cotidiano como si fuera algo sagrado. Lo leo y pienso en lo que te conté la otra vez: que hay gente que observa mejor que nadie lo que todos los demás dejamos pasar.

Película:
Vi Weapons (2025) de Zach Cregger. Tiene cosas bien y otras meh. Deberías verla, y luego me dices qué piensas, a ver si coincidimos. Es de esas películas que te dejan medio confundido, con esa sensación de “ok, ¿y ahora qué hago con esto?”. Creo que necesito verla otra vez para saber si me encantó o si solo me dejó pensando.

Serie:
Empecé la nueva de Alien en Disney plus —por culpa de Aarón, claro. No deja de hablar de ella en la oficina, así que me rendí. No sé si me gusta o me incomoda, pero al menos ya tengo tema para cuando nos sentamos a comer. Tú también dale una oportunidad, y me cuentas si te atrapa o solo te saca un susto.

Comida:
Esta semana aprendí a hacer una botana con pico de gallo y nachos que uff. Obvio la mejoré (la receta original estaba bien… pero podía estar mejor). Te la paso en el próximo correo, porque sí, ya sé que allá no consigues chiles igual, pero te las vas a ingeniar.

Lugar a visitar:
Si estás en México, ve al Teatro Helénico. Fui a ver Ernest & Bottom, que ya está en sus últimas funciones. Es de esas obras que parecen simples y terminan haciéndote pensar. Es graciosa, triste y universal; se entiende en cualquier idioma, en cualquier edad, y en cualquier estado de ánimo.

Gracias por leer hasta aquí.
Me gusta pensar en este newsletter como una carta: una correspondencia escrita desde lejos. Como esas que cruzaban océanos para llegar días después, con tinta corrida, con la voz un poco distinta, pero con la misma intención de siempre: compartir algo que aún no sabías que necesitabas leer.

Esta carta viaja desde la ciudad, entre el ruido, las luces y las prisas, hasta donde estés tú. Si te gusta la idea de seguir recibiéndolas —de leer desde el otro lado del mar o desde la misma calle— deja tu correo aquí abajo.

Prometo escribirte con calma, aunque el mundo no se detenga.

Germán.

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