Breve Historia De Lo Que Nos Atrae En Un Libro

*suena Goodbye For Now de Two Steps from Hell y Thomas Bergersen*

Este ensayo habla de títulos (no universitarios).

¿Qué títulos de libros te han atrapado al punto de no soltarlos? No importa si el contenido fue una decepción. Hablemos de títulos, no de currículums.

El título es el nombre. En un libro, el título es la cabeza: el lugar donde comienza todo. El título es el primer latido de un libro.

El título va al frente, siempre dispuesto a ser juzgado. A veces de lado, tímido. El título es una puerta entreabierta, una promesa, una advertencia. Es la bandera que ondea antes de cruzar el territorio.

Recorrer librerías es mi pasatiempo y mi perdición. A veces me prohíbo entrar porque sé que no saldré sin un libro. Llevo 15 años con el mismo propósito de año nuevo: terminar de leer mi propia biblioteca. Soy partidario de lo minimal, pero también soy un acumulador de libros. Pero no nos desviemos del título.

¿Qué es lo primero que te atrapa de un libro? Para mí, es la portada. Soy muy visual. Pero luego viene el título, esa combinación de palabras que abre un mundo o te deja suspendido en un punto de inflexión, entre un libro y otro. Los títulos, ya sean de novelas, ensayos o proyectos, se me hacen lo más importante. Porque, seamos honestos: el contenido puede ser una basura, pero un buen título es el que vende la experiencia. (Ojo, esto es sarcasmo). Volvamos a los títulos.

El título de un libro es un hechizo. Es lo que te hace desempolvarlo del estante, hojearlo y abrirlo en una página al azar, esperando encontrar una frase, una palabra, un párrafo que te haga pensar: sí, este libro y yo estábamos destinados a encontrarnos. Porque, ¿y si alguien más lo toma? ¿Y si nunca lo vuelvo a ver? Incluso si se trata de un best seller que sé que encontraré hasta en esas librerías de software educativo. No importa. Hay libros que te llaman y títulos que parecen escribir tu nombre con lápiz en la primera página.

Pero, ¿qué pasa con lo que no tiene título? Lo sin título también puede ser fascinante. ¿Por qué no le pusieron título? ¿Qué título le pondría yo? Y así, lo “sin título” se vuelve un título por sí mismo. Entonces, ¿es importante o no lo es? ¿Qué sé yo?

¿Podemos enamorarnos de alguien solo por su nombre? De un libro, tal vez te enamoras por cómo le da la luz en el estante, o porque las palabras parecen susurrarte algo que ya habías pensado antes, algo que alguien escribió para ti sin conocerte. Pero volvamos al título.

El título es una presentación y un misterio. Es el resumen de lo que no puede resumirse. El título es… un espejismo y una invitación. ¿Nos guía o nos engaña?

Al final, siempre seguimos buscando un título… aunque a veces el libro solo sea una excusa.

Y a ti, ¿Qué título te ha enamorado?

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